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domingo, 18 de septiembre de 2016

EL BOTARGA DE BELEÑA DE SORBE (GUADALAJARA)


Muchos son los pueblos de la provincia de Guadalajara que cuentan en sus celebraciones festivas con la presencia de “el botarga” o “la botarga”. Una figura enigmática que según el momento de su aparición representa el bien o el mal y que siempre viene asociado a ritos de invierno. Por lo general, lo encontramos ataviado con un atuendo arlequinado, portando careta demoníaca, cachiporra y campanillas o cencerros que advierten de su presencia y además ahuyentan los malos espíritus de la comunidad.

La pequeña localidad de Beleña de Sorbe, cercana a Cogolludo, revive cada año esta ancestral tradición con motivo de las fiestas de las Candelas en el mes de febrero. Este año tuve la oportunidad de conocer esta fiesta junto a sus protagonistas, y ellos fueron quienes me aportaron curiosos datos de la evolución de la misma para poderlo plasmar en este artículo. El botarga de Beleña a lo largo de los años ha conseguido mantenerse como seña de identidad a pesar de los altibajos que ha sufrido la tradición. Me comentaban que cuando comenzó la despoblación del lugar en torno a los años setenta del siglo pasado, la celebración se perdió durante algunos años estando a punto de desaparecer. Más adelante se consiguió recuperar en las fiestas de agosto y ya en los años noventa el tesón de los vecinos consiguió que la salida del botarga volviera a su fecha tradicional en el mes de febrero, incorporando además la presencia de otro botarga más. En el momento actual la tradición está viviendo un buen momento y se mantiene cada año con la aparición de los dos botargas, algo que ya ha quedado como algo habitual en las fiestas de las Candelas.

La figura del botarga en Beleña es respetada y querida por todos, más aún en la actualidad puesto que supone un gran esfuerzo por mantener viva la fiesta. Los llamativos atuendos arlequinados de estos dos personajes están confeccionados a base de piezas de tela de color rojo y verde. En el tiro del pantalón llevan cosida una bola de tela que se denomina “higa” y que antaño iba toda cubierta de alfileres para que los muchachos se pincharan al intentar tocarla o arrancarla. A la cintura llevan una correa de cuero de la que cuelgan campanillas que en todo momento hacen sonar cuando salen a las calles de Beleña. Quizá los elementos más característicos a la vez que enigmáticos sean la careta, la cachiporra, las castañuelas y la naranja. Actualmente se conservan dos caretas, una más antigua y otra nueva que un vecino realizó hace unos años. Son de madera y poseen bigotes de cerdas, unos terroríficos dientes, nariz pronunciada y grandes ojos que las confieren un aspecto misterioso y demoníaco. Las castañuelas de gran tamaño son también de madera y con ellas recogen los donativos que los vecinos les entregan. Las cachiporras, rematadas por una cabeza con aspecto humano, las emplean para golpear a los vecinos de Beleña, práctica que puede considerarse como rito propiciatorio de buena suerte, o si es a una mujer, rito relacionado con fertilidad. Y es que llama la atención que ambas, en la parte posterior del mango adquieren aspecto fálico, lo cual podría hacer referencia a ese carácter fertilizador al que aludo. La presencia de la naranja tampoco es casualidad, pues estamos ante un fruto con importantes connotaciones que simboliza la fertilidad. Por un lado puede referirse a la fertilidad de la mujer que el botarga propicia cuando la ofrece a las féminas para que la huelan, y por otro a la fertilidad de los campos aludiendo a la proximidad de la primavera, al despertar de la naturaleza.

Actualmente la fiesta se celebra el fin de semana más cercano al dos de febrero, día en que se festeja a la Virgen de las Candelas. La aparición de los botargas tiene lugar en la mañana del sábado, acompañados por otra importante figura que es la del “mayordomo”. Éste último me contaban que antiguamente era un cargo al que se accedía por ofrecimiento o en cumplimiento de una promesa, o que incluso eran parejas que se habían casado en el último año. En la actualidad lo encarna un vecino que se ofrece para dar continuidad a la tradición y para acompañar a los botargas en su recorrido por el pueblo. El mayordomo lleva al hombro unas alforjas de tela donde va depositando las donativos que los botargas recogen en la cuestación que hacen por todas las casas del pueblo. En esas primeras horas el papel de los enmascarados es el de despertar a sus vecinos y pedirles dinero. Nadie conoce su identidad hasta el momento en que llegan a la puerta de la iglesia para entrar a misa y se descubren. El sonido de las campanillas anuncia su llegada y en muchas ocasiones en las casas en las que hay mozas durmiendo, entran para despertarlas y hacerlas bromas. A media mañana las campanas de la iglesia de San Miguel anuncian la hora de misa y los botargas en el atrio del templo se descubren el rostro y dejan en la puerta caretas, campanillas, cachiporras y castañuelas, y acceden al interior permaneciendo en la parte de atrás junto a la puerta. Tras la misa llega la procesión con la imagen de la Virgen que porta una vela, y a la que acompañan los botargas. Al finalizar se puja por los brazos de las andas y se introduce la imagen de nuevo en la iglesia. A la salida los botargas esperan en la puerta y ofrecen a besar un crucifijo a todos los fieles que salen, y que deben depositar limosna en un cestillo que uno de ellos sujeta. Podríamos decir que en estas partes de la fiesta en que participan de la celebración religiosa, adquieren un carácter bondadoso.


Es muy enriquecedor conocer directamente a los protagonistas de las tradiciones. En la mayoría de mis salidas procuro entrevistarme con ellos, pues son quienes mejor pueden expresar el sentir y las vivencias que regala el hecho de participar en la fiesta. En Beleña tuve la suerte de hacer el recorrido íntegro junto a los botargas y el mayordomo, y en el momento de su descanso en casa de éste último, fue un placer para mí poder escucharles hablar de la tradición del botarga y observar el deseo de que no desparezca. En esta ocasión los botargas eran dos chicos jóvenes, Daniel Domingo del Val y Álvaro Gómez Viana, y el mayordomo Demetrio, un vecino amante de las tradiciones de su pueblo que este año había accedido al cargo para mantener viva esta fiesta y poner su granito de arena para que no desaparezca. Desde estas líneas doy las gracias a cada uno de ellos por su acogida y amabilidad y por haberme permitido vivir una fiesta que llevaba muchos años queriendo conocer y que para nada me dejó indiferente.

Los botargas corren detrás de sus vecinos

Haciendo cuestación por las casas

Una de las caretas del botarga

La otra máscara

A la espera de la misa

El botarga y sus preseas

La cachiporra, las castañuelas y la naranja

Los botargas piden limosna a la salida de la iglesia

La Virgen de las Candelas en procesión

*Todos los textos, así como las fotografías y archivos de vídeo, son propiedad del autor.

LAS LUMINARIAS DE SAN ANTÓN EN SAN BARTOLOMÉ DE PINARES (ÁVILA)


En la Comarca abulense de Pinares se encuentra el bonito pueblo de San Bartolomé de Pinares, lugar donde los ritos de invierno toman especial protagonismo durante las fiestas de San Antón.

Este pueblo honra a San Antonio Abad los días 16 y 17 de enero, cuando se encienden por todas sus calles las tradicionales luminarias con el objetivo de ahuyentar lo malo para dar entrada a lo bueno, lo nuevo, lo purificado. Esta fiesta está estrechamente ligada al poder que se atribuye al Santo de proteger a los animales, y sabemos que en tiempos pasados tuvo gran importancia y arraigo puesto que éstos eran el medio principal para poder subsistir, pues con ellos se trabajaban las tierras, proporcionaban sustento… Pero hay un animal que cobra absoluto protagonismo en esta fiesta, me estoy refiriendo al caballo. La víspera de San Antón –el 16 de enero- se encienden por la noche las luminarias que los jinetes saltan con sus caballos. Supone este un importante rito en el que se persigue la protección de estos animales a través del fuego purificador.

La noche de las luminarias, según me contaron algunos bartolos con los que tuve la oportunidad de hablar, es espectacular, mágica. El fuego y el humo lo envuelven todo y tan solo se escucha el crepitar de las hogueras y el golpear de las herraduras de los caballos contra el suelo de las calles de San Bartolomé. Pero hay muchos otros momentos de la fiesta que merece la pena conocer y vivir, como es la mañana de San Antón cuando la mayordomía sale a recorrer las calles del pueblo para “dar a besar al Santo” a sus vecinos.

Tuve este año la suerte de poder disfrutar de la celebración del día de San Antón desde primera hora de la mañana. En este día toman absoluto protagonismo el mayordomo y los dos jurados que le acompañan. Montan sobre sus caballos ricamente engalanados con vistosas flores y cintas de papel. El mayordomo porta una vara con la imagen de San Antón decorada con un lazo rojo; los dos jurados llevan también una vara cada uno rematadas con una cruz. La mayordomía la componen cada año personas distintas que se han ofrecido en cumplimiento de una promesa o simplemente por mantener viva esta bonita tradición.

El 17 de enero muy temprano, los vecinos encienden de nuevo las luminarias en las que se queman infinidad de ramos de retama que producen un espeso humo blanco que impregna todo el pueblo. Me llamó mucho la atención la preciosa estampa que se puede observar cuando vas llegando al lugar: una enorme nube blanca cubre las casas como si de niebla se tratase. La comitiva recorre cada una de estas luminarias y de nuevo, como hicieran la noche anterior, el mayordomo y los jurados pasan con sus caballos sobre las hogueras para “ahumar al Santo”, nombre con el que se conoce en San Bartolomé a este ritual de la mañana del día grande. Van acompañados en todo momento por la gaita y el tambor que interpretan el repetitivo y exclusivo toque conocido como “San Antón ton ton torón”, nombre onomatopéyico que hace alusión a la repetitiva melodía que interpretan los instrumentos.

Pero lo que más emociona y llama la atención es ver los rostros de los vecinos que salen a recibir a la mayordomía y al santo. Los mayores se emocionan, incluso hay algunos que por su edad o por problemas de salud no pueden apenas salir de sus casas, y en este día hacen un gran esfuerzo movidos por la devoción para recibir y besar la vara de San Antón. Es muy habitual escuchar a los vecinos y a los mayordomos pronunciar estas frases: “salud para todo el año” y “que lo veamos a otro año”. En todas las luminarias se reúnen los vecinos y ofrecen a todo el que lo desee dulces y licores, y aprovechan la presencia de la gaita y el tambor para bailar una jota. Así transcurren las primeras horas de la mañana en San Bartolomé de Pinares, hasta que a media mañana el repicar de las campanas convoca a los vecinos a la celebración de la misa y la procesión. La imagen de San Antón recorre las principales calles del pueblo pasando de nuevo entre las luminarias para “ahumarse”.


Una fiesta entrañable, cargada de ritos y momentos significativos que se convierte en punto de reunión para los bartolos y curiosos que en esos días visitan la localidad. Tuve el placer de acompañar durante todo el recorrido al mayordomo y a los jurados que me recibieron muy amablemente y me explicaron algunos aspectos de la fiesta. A ellos, encabezados por Antonio Parro, el mayordomo de este año, mi agradecimiento; así como a Ángel, quien gestiona la página dedicada a las luminarias y que me facilitó información para poder acudir a esta bonita fiesta.
El pueblo envuelto por el humo de las luminarias

Los vecinos reciben a los mayordomos

El jurado a lomos de su caballo

"Ahumando al Santo" en las luminarias

El mayordomo y los jurados

Los vistosos adornos de los caballos

Los caballos ricamente engalanados

Portadores de la tradición

El respeto al caballo

Los animales reciben el fuego purificador

Procesión de San Antón

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo, son propiedad del autor.