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domingo, 14 de febrero de 2016

LA PASTORELA DE BRAOJOS DE LA SIERRA


Braojos de la Sierra es un precioso pueblecito de la Sierra Norte de Madrid que atesora y conserva tradiciones únicas. Una de las más representativas es la que cada año celebra en fechas navideñas y que supone una de sus mayores señas de identidad. Se trata de “La Pastorela”, una danza pastoril de adoración al Niño Jesús que ejecutan varios hombres del pueblo ataviados de pastores y que hunde sus raíces siglos atrás, muy probablemente en época medieval.

En la actualidad tiene tres fechas de celebración: la Misa del Gallo, la Misa de Navidad y la Misa del día de Reyes. En origen esta danza se ejecutaba solamente en la Misa del Gallo, a la que acudían los pastores de aquella sierra para ofrecer sus corderos y sus danzas al Niño Dios. Me cuenta mi informante Luís García Siguero que se añadieron los otros dos días (1 y 6 de enero) allá por el primer cuarto del siglo XX (aproximadamente 1920), gracias a un párroco de origen segoviano que se mostró muy interesado por el mantenimiento de las tradiciones y el folklore.

La Pastorela se compone por varios pastores danzantes y un zarragón, siendo este último el que dirige la danza y el que marca los tiempos de la misma evolucionando de delante hacia detrás entre las dos filas de pastores que se sitúan delante del altar donde el sacerdote celebra la misa. Luís García, gran conocedor de la tradición, me aportó datos interesantes que nos muestran la gran importancia que ha tenido la Pastorela a lo largo de toda la historia de Braojos y especialmente en su familia. Su padre, Valentín García, nació en 1912 y cuando fue mozo (unos 18 años), comenzó a bailar como zarragón. Durante un período de tiempo descansaría por motivos familiares, para volver en 1957 a ejercer este papel que tan perfectamente me cuentan que desempeñaba. Desde esa fecha hasta que tuvo 84 años (años 90) no faltó ni una sola Pastorela. Tras él llegó Ignacio, a quien el señor Valentín entregó el bastón o cayado pasándole así el testigo de la tradición, y que desempeña el cargo de zarragón hasta la fecha. Los pastores suelen ser entre 8 y 10, que danzan formando dos filas entre las que marca el ritmo de la danza el zarragón. Me llama la atención la coincidencia de la figura del zarragón con otras danzas de otras partes de España, en las que la persona que guía o dirige la danza recibe el mismo nombre; es el caso de los danzantes de Galve de Sorbe, en Guadalajara, o de otras danzas de la provincia de Segovia.

Uno de los aspectos más llamativos de esta tradición es la vestimenta de los hombres que componen la Pastorela. Van ataviados como lo hicieran los pastores en otras épocas en esta comarca en la que el ganado ha sido una de sus principales actividades económicas. Me aportó mi informante un dato de gran importancia que nos muestra la pervivencia de este tipo de vestimenta que ahora podríamos clasificar como traje típico o regional, y que hasta hace algunas décadas era el modo de vestir más común entre las gentes de Braojos y alrededores. Recordaba Luís que esos mismos trajes que usaban los pastores también se usaban para ir a labrar. Me cuenta que los más mayores recuerdan que uno de los últimos hombres que lo usaron fue su abuelo, que se lo ponía para ir a arar. Estaríamos hablando de 1925 aproximadamente según me indica. Los pastores visten pantalón de cuero estezado de vaca, camisa blanca, chaleco de cuero estezado de cabra, delanteras de cuero de vaca, medias de lana y albarcas. Sobre sus espaldas llevan morrales que según me indica Luís son como los que llevaban los pastores trashumantes a tierras extremeñas. En su mano portan el bastón o cayado con el que van marcando los tiempos de la danza al son de los cantos. Se conservan dos bastones para el zarragón, uno más antiguo realizado con madera de fresno y roble, y el que usa Ignacio actualmente que es de pino y que fue elaborado por Cipriano, uno de los pastores que bailaba, que lo encontró en la sierra doblado por el peso de la nieve tomando la forma tan característica que presenta.

Hasta hace algunos años el zarragón llevaba en el morral un cordero que era ofrecido al Niño Jesús, como se viniera haciendo desde los orígenes de la tradición. Me contaba Luís que al animal se le ataban tres de sus patas quedando una libre para que no se saliera del morral; no se le ataban las cuatro porque si no se “implaba” y corría el riesgo de morir. En la actualidad al haber menos ovejas y menos gente dedicada a la ganadería, es más complicado conseguir el cordero, por lo que desde hace algunos años el zarragón no lo lleva.

La Pastorela danza en varios momentos de la Misa que son cantados por el coro, como son el Kirie, el Gloria, el Credo, el Agnus Dei, el momento de la Adoración del Niño, y al finalizar la Eucaristía. Los pastores para iniciar la danza dan un golpe fuerte con el cayado en el suelo, y mueven sus brazos levantados de derecha a izquierda y viceversa al ritmo de las canciones, y a compás con los pies. El coro forma parte esencial en la Pastorela, y se encarga de entonar algunos de estos cantos en un latín de carácter popular, siendo el resto villancicos. Para ello utilizan instrumentos tradicionales tales como la botella de anís, la pandereta, los huesos o arrabel, el pandero, los hierros… todos ellos como vemos objetos del menaje del hogar que era lo que en otra época las gentes de los pueblos tenían al alcance. En la actualidad los huesos son el instrumento más antiguo de todos, pues me contaba Luís que en 1896 ya estarían en casa de su abuelo y fueron pasando por las manos de varias familias hasta la actualidad que es él quien los custodia en su casa. El pandero actual, según me informó Luís García Valera, el hijo de Luís, lo fabricó un artesano que se dedica a hacer instrumentos tradicionales. Para ello utilizó piel de macho cabrío para poder conseguir las grandes dimensiones que presenta el referido instrumento, al que además se metieron sonajas en su interior para conseguir un sonido mucho más característico. Ambos me hablaron de componentes del coro que han estado y están desde siempre para mantener viva tan bonita tradición, como son el “tío Parrabera” o “la Luisa” entre otros. El señor Valentín cuando dejó de ser zarragón por su avanzada edad, no quiso desvincularse de la Pastorela y pasó a tocar la botella de anís, tarea que desempeñó hasta los 88 años, edad en la que fallece. Los cantos tradicionales que interpreta el coro se componen de bellas letras alusivas al nacimiento del Niño Jesús como las que reproduzco a continuación:

¿Dónde vas, aurora,
Dónde vas, estrella,
Que del sol anuncias
La luz clara y bella?

Con el Nacimiento
Del Hijo de Dios
¡ay, ay qué contento!
¡ay, ay qué primor!
Las almas se llenan
De contemplación.

Las mujeres que componen el coro van ataviadas con bonitos trajes de serrana, con coloridos refajos y pañuelos a la cabeza.

Una preciosa tradición que las gentes de Braojos conservan con un cariño muy especial, y que además llevan con orgullo a otros pueblos y ciudades para darla a conocer. Ya en los años 50 del siglo pasado salió en el NODO, en 1964 asistieron a la inauguración de Prado del Rey, y a muchos otros lugares del entorno participando en encuentros de carácter tradicional.


Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Luís García Siguero, quien muy amablemente me ha aportado gran cantidad de datos y anécdotas colaborando con mi trabajo de campo. Fue un placer poder conversar con él durante un largo rato, y sobre todo escucharle hablar de la tradición de su pueblo con tanto entusiasmo. También quiero dar las gracias a su hijo, Luís García Valera, que nos recibió encantado el día de Reyes y que nos estuvo comentando aspectos curiosos de la tradición, siendo un gran conocedor de la misma. Muchísimas gracias a los dos y al resto de componentes de la Pastorela que en esa fría mañana nos deleitaron con sus cantos y danzas.













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