Bienvenidos a OBJETIVO TRADICIÓN, un proyecto que se basa en el estudio y la divulgación del patrimonio cultural inmaterial tan rico que posee España. Te invitamos a conocerlo a través de los ritos, costumbres, fiestas, tradiciones, folklore... que traemos hasta este espacio. ¡Gracias por tu visita!

miércoles, 27 de agosto de 2014

EL “BAILE DE LA PERA” DE SAN BARTOLOMÉ DE LAS ABIERTAS


La historia de San Bartolomé de las Abiertas, en la provincia de Toledo, debemos buscarla siglos atrás en el momento en que dos núcleos poblacionales, San Bartolomé de la Raña y Las Abiertas, se unieron para formar uno solo. En la historia de ambos pueblos, tanto cuando funcionaban por separado, como cuando se fusionaron en el siglo XVIII, la figura del Apóstol San Bartolomé ha tenido gran relevancia, y ha sido centro de la devoción de sus moradores, que recurrieron a él en momentos complicados. La fiesta que hoy traigo hasta aquí está íntimamente ligada a este Santo, al que cada 24 de agosto se dedica el ancestral “Baile de la Pera”.
Si tomamos parte de las Relaciones Topográficas de Felipe II, veremos como la devoción de las gentes de San Bartolomé de la Raña y Las Abiertas, fue desde antiguo una constante. En el apartado 52 del cuestionario de Las Abiertas encontramos lo siguiente: “a los cincuenta y dos capítulos dixeron que este lugar tiene votado de guardar y se guarda fiesta de Señor San Bartolomé, por que habrá como cinco años que en aquel dia se apedrearon los frutos, y después aca que se voto y se guarda ha sido Dios servido de guardar los frutos”. De San Bartolomé de la Raña, en la primera pregunta del cuestionario se dice que “primeramente declararon que el dicho pueblo se llama San Bartolomé de la Raña, el cual se llama ansi porque los fundadores de el fueron Juan Sanchez de San Martin, todos vecinos que fueron del dicho lugar y echaron suerte a ciertos santos que tenían por devoción en los cuales fue uno señor San Bartolomé al cual le cayo por suertes y por esta causa se llama San Bartolomé y nunca se ha llamado de otra manera”.
Como se puede observar, el Apóstol San Bartolomé ha estado presente desde la fundación de ambos lugares, y ha sido causa de devoción para las gentes. Por ello, en el momento en que ambos pueblos se unen, el patrón sigue siendo el mismo Santo, al que hasta nuestros días se han dedicado las fiestas mayores.
San Bartolomé de las Abiertas cuenta con una curiosa tradición, de orígenes inciertos, y cuya explicación la encontramos en una leyenda que en este pueblo toledano se ha ido transmitiendo de generación en generación. Se trata del “Baile de la Pera”, que tiene lugar en la plaza del pueblo cada 24 de agosto por la tarde, prolongándose hasta la llegada de la noche. Cuenta la tradición que hace muchos siglos una peste causó muchos estragos en el lugar y en los pueblos circundantes, situación crítica que diezmó la población de manera importante. Una madre, desesperada viendo que la vida de su hijo corría peligro, tomó al pequeño en brazos y acudió el día de San Bartolomé a la procesión portando en sus manos frutas que en esas fechas se encontraban en plena madurez. Cuenta la tradición oral que la mujer comenzó a bailar delante del santo con el niño y los frutos, invocando su protección. Otra leyenda muy parecida, es la que me contó mi informante, en la que la mujer y el niño eran también protagonistas. Un 24 de agosto se presentó la madre con su hijo ante el santo al que había ofrecido bailar con peras en sus manos, puesto que este había sido el fruto que había salvado a su pequeño de la muerte. La mujer había estado alimentando a su hijo con peras, que actuaron como reconstituyente ante tan grande epidemia. Esto es lo que nos cuenta la tradición, y es la explicación más extendida a esta ancestral fiesta. Pero leyendo lo que nos dicen las Relaciones de Felipe II, pienso en otra hipótesis que podría quizá dar otra posible interpretación a esta tradición. Se habla de que un día de San Bartolomé, a comienzos del siglo XVI, una tormenta de pedrisco asoló las tierras, propiciando la pérdida de los frutos que ya por esas fechas estarían maduros. En esa época la superstición y la idea de castigo divino estaban muy extendidas y asimiladas por las gentes, por lo que la probable interpretación sería que la ira divina habría enviado esta calamidad en el día del Apóstol San Bartolomé, para aviso de los moradores de Las Abiertas. Para evitar una nueva catástrofe y muy seguros de la intervención divina, deciden hacer voto a San Bartolomé. Es en este punto donde podríamos encontrar una posible explicación al “Baile de la Pera”. Podría ser que en años posteriores a la tormenta y al voto, los vecinos en recuerdo de aquel hecho y viéndose ya librados de toda calamidad por intercesión del Santo, le ofreciesen los frutos maduros e intactos, y quizá lo hicieran bailando como muestra de su regocijo.
También podríamos encontrar interpretación a esta tradición, remontándonos a muchos siglos atrás, a épocas en que imperaba el culto pagano, que a menudo se dedicaba a la tierra. Podría tratarse por tanto de un rito agrario, de agradecimiento a través de la danza ritual a la tierra por propiciar buenas cosechas y frutos maduros. Ya veíamos la presencia de las frutas en otras fiestas cristianizadas, como ofrenda al patrón o la patrona, y que en otro tiempo eran ofrendas a deidades protectoras de las cosechas.
Sea cual fuere el origen de esta fiesta, lo que sí está claro es la devoción con que los vecinos de San Bartolomé de las Abiertas la celebran. Es para ellos su máxima seña de identidad, y están trabajando para que sea conocida más allá de las fronteras del pueblo. A media tarde del 24 de agosto, día del Patrón San Bartolomé, los vecinos se congregan en la plaza donde se ha dispuesto un espacio habilitado para llevar a cabo la ancestral danza. Este espacio o corro, está presidido por una mesa en la que se coloca un crucifijo, y los cestos con las peras y otros tantos que recogerán los donativos. En dicha mesa se colocan las autoridades civiles y eclesiásticas, que presiden el acto. Las personas que se disponen a bailar acuden primero a la mesa donde depositan su donativo que se destina a la Hermandad de San Bartolomé, besan el crucifijo y cogen la pera para iniciar el baile. En el centro del corro se forman dos filas, paralelas entre sí, en las que los participantes se disponen mirándose. Para bailar la pera, se apoya una mano sobre la cintura, en jarra, y con la otra se sostiene la fruta. Al son de la música se va cruzando una pierna sobre otra apoyando la punta del pie en el suelo, lo que da lugar a que la persona evolucione dando pequeños saltos. El brazo en cuya mano se sujeta la pera se mueve levantado de un lado al otro, como ofreciendo el fruto al cielo. La música se denomina “baile de la pera” y es una melodía alegre y repetitiva que consta de dos partes exactamente iguales. Cuando los músicos terminan de tocar la primera, quienes están bailando, rápidamente ocupan la fila opuesta a la que se encuentran para bailar de la misma manera la segunda parte, con la que el baile se da por terminado. Las personas que han estado bailando vuelven a la mesa y depositan la pera en el cesto para dar paso a una nueva ronda del baile. Así durante varias horas en las que todos los vecinos de San Bartolomé de las Abiertas cumplen devotamente con su tradición.
Hay un aspecto de la fiesta digno de señalar, y es que los músicos encargados de tocar el “baile de la pera” desde hace muchos años son los mismos. Se trata de la banda del pueblo cercano de Cebolla, que cada año acude para cumplir con una tradición que, por qué no decirlo, ya también es suya. Me cuentan que antiguamente acudían andando desde su pueblo y que incluso tenían que cruzar el Tajo en una balsa para acortar trayecto. Eran además los encargados de amenizar los bailes de por la noche, y era tradición que cada músico se hospedase en una casa del pueblo, siendo gustosamente acogidos por las distintas familias que se ofrecían a ello.
Es curioso también observar como esta tradición del “Baile de la Pera” se repite en los pueblos vecinos durante sus fiestas patronales, siendo un baile único de esta zona, que no tiene lugar en ninguna otra parte. Posiblemente el baile que tuvo su origen en San Bartolomé, fuera asimilado por los pueblos de los alrededores, estableciéndose como una costumbre local. Los pueblos a los que me refiero son: Retamoso de la Jara, La Fresneda de la Jara y Torrecilla de la Jara. En todos ellos el baile y la música son prácticamente los mismos, encontrando una peculiaridad en La Fresneda. En este pueblo el “baile de la pera” se hace en honor a su patrón San Lorenzo Justiniano, y la forma de llevarlo a cabo no es en dos filas paralelas como en San Bartolomé, sino que se realiza en corros de varias personas y en parejas que, cogidas de la mano, avanzan bailando desde un extremo del corro hasta el otro, en el que se sitúa el crucifijo y el cestillo para depositar el donativo. Tras venerar el crucifijo vuelven bailando hasta el lugar donde comenzaron la danza.
El “Baile de la Pera” acaba en San Bartolomé cuando comienza a anochecer, momento en que el Santo es sacado en procesión, teniendo lugar en la puerta de la iglesia las tradicionales pujas para llevar la carroza. Así cumple este pueblo jareño su tradición, que cada 24 de agosto se perpetúa, afianzándose entre las gentes año tras año.
Agradezco los datos que me aportó tan amablemente el Presidente de la Hermandad de San Bartolomé Apóstol, mientras presenciaba el tradicional “Baile de la Pera”.
Baile de la Pera

Cestillo con el ofrecimiento por bailar

Familiares y amigos bailan la pera

Tradición que pasa de generación en generación

El corro dispuesto para comenzar el Baile de la Pera
Bailando la pera
 
*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

martes, 26 de agosto de 2014

LOS “DIABLILLOS” DE ORGAZ


La Villa toledana de Orgaz atesora en su calendario festivo varias tradiciones de gran antigüedad y de especial interés. La más destacada de todas por su vistosidad y complejidad ritual es la que cada año protagoniza la Compañía de Alabarderos, con motivo de las fiestas del Santísimo Cristo del Olvido, patrón de la localidad.
La Compañía de Alabarderos, al igual que en otros municipios cercanos de la Comarca de los Montes de Toledo, como Sonseca o Los Yébenes, está íntimamente ligada al culto a las Ánimas Benditas. Esta Compañía de Orgaz tiene su origen en la Soldadesca de Ánimas, cuya función principal tenía lugar en la Pascua de Pentecostés, como ocurre u ocurría en otras poblaciones de la provincia. Era muy frecuente encontrar la aparición de estas soldadescas en los días de Carnaval, en los conocidos como Carnavales de Ánimas; de hecho, mi informante me indica que en Orgaz los “diablillos” de los que hablaremos en este artículo, antiguamente recuerda que hacían su aparición en carnaval. En muchas ocasiones estas compañías o soldadescas se fusionaron con otras hermandades y cofradía de mayor peso o importancia, a menudo las del patrón o patrona. Es el caso de Orgaz, donde la Compañía de Alabarderos –antigua Soldadesca de Ánimas- aparece ligada a la Hermandad del Santísimo Cristo del Olvido, al que rinden honores en las fiestas de agosto.
En la mayoría de las Soldadescas o Compañías encontramos una figura –en el caso de Orgaz dos- que abre la comitiva y que se encarga de la cuestación y de mantener el orden y buena marcha del grupo. Estos personajes son los que clasificamos como máscaras, botargas, birrias, diablos… Son personajes grotescos, de las denominadas “máscaras fustigadoras” por el hecho de portar un elemento fustigador (lanza, vejiga, porra, castañuela de gran tamaño…), y que visten ropas muy coloridas y estrafalarias.
En el caso de la Compañía de Alabarderos de Orgaz, encontramos las figuras de los “diablillos”, que hacen su aparición el 23 de agosto, antes de las fiestas, cuyos días principales son el 24 y 25, sólo para hacer la cuestación. En la actualidad son dos niños los que encarnan a estos dos personajes demoníacos, los dos niños que en la fiesta ejercerán las funciones de abanderados infantiles. Me cuenta mi informante, Juan Alfonso, Alabardero Mayor, que antiguamente no eran niños quienes se vestían de diablillos, sino que eran los propios alabarderos, adultos, los que se encargaban de cumplir con la tradición. Pero llegado un punto en que la tradición se vió amenazada por falta de voluntarios, se decidió que fuesen los dos niños de la bandera quienes vistieran el traje de diablillo y llevaran a cabo la cuestación. El domingo o primer festivo antes de la bajada del Cristo de su altar, que se produce cada 21 de agosto, tiene lugar la “reseña”, donde se va a la casa de cada Mando anunciando la llegada inminente de la fiesta. En esta reseña se acude también a casa de los abanderados, y en este momento se comunica de manera oficial a los abanderados infantiles que tendrán que vestirse de “diablillos”.
El traje que llevan guarda muchas similitudes con los de otras botargas o máscaras que protagonizan cuestaciones en otros lugares, como puede ser el caso del “judío” de Arcicóllar en Toledo, o la “máscara” de Ateca, en Zaragoza, por poner algún ejemplo. Su vestimenta se compone de pantalón bombacho compuesto por diferentes tiras de tela cosidas entre sí en vertical, de color rojo, amarillo y negro. Llevan una chaqueta que se abrocha con cremallera, compuesta por cuadros de tela alternando los colores rojo y amarillo. Sobre cada uno de los cuadros, tanto en la parte delantera, como en la trasera y las mangas, llevan cosidos elementos alusivos al demonio y al pecado recortados en tela negra, como son el propio diablo portando un tridente, una calavera, una serpiente, y una especie de lagarto o sabandija. Remata el atuendo un gorro de los mismos colores, que no siempre llevan debido a las altas temperaturas propias del mes de agosto. Llama la atención la ausencia de cencerros, campanillas o cascabeles, que normalmente suelen llevar estos personajes, con el fin de anunciar su llegada, así como la ausencia de máscara o careta que probablemente en otro tiempo sí llevaron. Portan en sus manos dos elementos de gran importancia, y que suelen ser comunes en este tipo de máscaras. Por un lado está el tridente, alusivo a la condición de diablos, y que actúa como elemento fustigador, pero en este caso de manera simbólica, ya que con él no amenazan ni golpean a nadie como ocurre en otras fiestas de estas características, al menos en la actualidad. Por lo general en esos actos de cuestación por parte de máscaras, las lanzas, tridentes o asadores se emplean para ir ensartando, pinchando o colgando, los donativos en especie, que suelen ser chorizos, roscas de pan, dulces… En mi visita a Orgaz, pregunté a mi informante si en este pueblo el tridente tenía el mismo fin, y me indicó que él nunca lo había conocido, que suponía un elemento más del atuendo del “diablillo”. Quizá en otras épocas, cuando el nivel económico era bajo, sí se entregaran alimentos, sustitutivos del dinero, que posteriormente fueran subastados en las pujas o almonedas de Ánimas, para obtener dinero para ofrecer misas. El otro elemento del que hablamos es el cepillo o hucha que portan los “diablillos” para llevar a cabo la cuestación. Se trata de una caja metálica, cerrada con llave, en la que los orgaceños van depositando sus donativos.
La función principal de los “diablillos” es hacer una cuestación o petición de donativos entre los vecinos de Orgaz, que se destina a ofrecer misas por las Ánimas Benditas. Me contaba Juan Alfonso que en la actualidad este dinero se sigue destinando para el mismo fin, reservando una parte para el Cristo, y otra en ciertas ocasiones para realizar obras benéficas en las misiones que el Arzobispado de Toledo tiene encomendadas en Moyobamba (Perú). Este acto que realizan los vecinos de ofrecer donativos podemos interpretarlo también como un acto de generosidad para con las Ánimas, que puede después verse recompensado por las mismas, propiciando protección sobre el oferente. Me viene a la cabeza al hilo de esta reflexión una coplilla de animeros que hace referencia a esto precisamente: “A las Ánimas Benditas, dadles limosnas devotos, que puede ser que algún día las pidan para vosotros”.
Muy de mañana, salen a recorrer las calles de Orgaz acompañados por los tambores y las trompetas de la Compañía de Alabarderos, que van anunciando con sus repetitivos y característicos redobles y toques la llegada de los dos “diablillos” a cada una de las calles del pueblo. Cada uno de los dos niños lleva un ayudante que le sujeta en todo momento el tridente, para facilitarle la pesada tarea de ir casa por casa soportando el calor propio del mes de agosto en estas tierras. La petición se lleva a cabo por barrios en los que los vecinos salen de sus casas para cumplir con tan entrañable tradición.
Agradezco la colaboración de mi amiga Raquel Pérez-Cejuela, y de su madre Soco, orgaceñas, por haberme facilitado los datos necesarios para mi visita a esta celebración. También agradezco la información referente a la fiesta aportada por Juan Alfonso Martín Delgado, Alabardero Mayor, con quien tuve el placer de hablar el mismo día que los “diablillos” salieron a recorrer las calles de Orgaz.

Los vecinos de Orgaz ofrecen para las Ánimas

El tridente del "diablillo"

Tambores y Trompetas de la Compañía de Alabarderos

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

viernes, 22 de agosto de 2014

EL AGUA DE LA VIRGEN DEL SAGRARIO DE TOLEDO Y LA TRADICIÓN DE IR A BEBER DE LOS BOTIJOS A LA CATEDRAL


Cada 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen, la ciudad de Toledo, al igual que lo hacen en este día muchos pueblos y ciudades de nuestro país, festeja a su patrona, a la que aclama con el bello nombre de Sagrario.
Toledo, ciudad fiel a sus tradiciones, que día a día trabaja para que no caigan en el olvido, cumple cada 15 de agosto con una secular tradición que atrae a toledanos y visitantes, y que tiene lugar en la calurosa mañana agosteña. Se trata de la costumbre de acudir a la catedral a beber el “Agua de la Virgen”, que el personal de la catedral ofrece en los típicos botijos de barro. La tradición mandaba beber esta agua milagrosa en los claustros de la catedral, donde se encuentran los aljibes o pozos de los cuáles se saca, y que según la tradición comenzaron a fluir cuando la Virgen descendió para imponer la Casulla a San Ildefonso, Patrón de la Ciudad. Desde hace algunos años se ha cambiado el emplazamiento, y el reparto del agua se ha trasladado a la Puerta del Reloj.
Esta curiosa tradición cuenta con varias leyendas que la dan explicación, todas ellas relacionadas con la gran devoción que Toledo profesa a su patrona, Nuestra Señora la Virgen del Sagrario. Una de ellas hace alusión a la manera en que los toledanos ocultaron la venerada imagen durante la dominación sarracena, haciéndolo en uno de esos pozos, y siendo hallada siglos después de manera milagrosa. Desde entonces a las aguas de los pozos en los que la imagen había estado resguardada, se las atribuyen virtudes extraordinarias.
Otra curiosa leyenda que ha pasado de generación en generación respecto a las propiedades del “Agua de la Virgen”, es la que cuenta que allá por el siglo XVII, un 15 de agosto, fiesta de la Virgen, un niño pequeño cayó desplomado ante el insoportable calor propiciado por la multitud de fieles que habían acudido a los cultos en honor de la Virgen. Todos los presentes daban al niño por muerto, hasta que recurrieron al agua, siendo en este momento cuando el pequeño recobró milagrosamente la conciencia como si nada hubiera pasado.
Otra interpretación que se da a esta tradición es la que afirma que la costumbre de repartir el “Agua de la Virgen”, tiene su origen en la decisión que tomó el Cabildo Catedralicio de ofrecerla para mitigar el sofocante calor propio de la fecha, entre quienes acudían a venerar la milagrosa imagen a la catedral.
Sea como fuere, Toledo sigue fiel a su tradición, y cada 15 de agosto desde bien temprano, los toledanos acuden a la catedral a escuchar misa ante la imagen de la patrona, y a beber del agua milagrosa. Es un día muy grande para la ciudad, las gentes acuden con especial fervor a beber de esta agua, a la vez que se piden deseos de toda índole, y protección para el resto del año. Son muchas las personas que tras haber bebido de los botijos, rellenan botellas con el agua para llevarla a sus casas y repartirla entre los enfermos o usarla ante algún problema de salud.
A media mañana, tiene lugar la celebración de la misa solemne que preside el Arzobispo de Toledo, teniendo después lugar uno de los momentos más esperados por los toledanos: la procesión que recorre las naves catedralicias con la imagen de la Virgen del Sagrario, ataviada con sus ricos mantos y joyas, y sobre su precioso trono dorado.
Durante toda la mañana los aledaños de la catedral se convierten en un hervidero de gente que acude a cumplir con esta bonita tradición toledana, que cada año se perpetúa y que pasa de generación en generación.

Los tradicionales botijos

Bebiendo el "Agua de la Virgen"

La Patrona de Toledo en procesión por la catedral

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.