Bienvenidos a OBJETIVO TRADICIÓN, un proyecto que se basa en el estudio y la divulgación del patrimonio cultural inmaterial tan rico que posee España. Te invitamos a conocerlo a través de los ritos, costumbres, fiestas, tradiciones, folklore... que traemos hasta este espacio. ¡Gracias por tu visita!

viernes, 1 de septiembre de 2017

LA ROMERÍA DE VALVANUZ EN SELAYA (CANTABRIA)



El Santuario de Valvanuz, en plenos valles pasiegos, se levanta sobre una preciosa pradera elegida según la tradición por la propia Virgen. Cuenta la leyenda que hace muchos siglos un pastor se vio sorprendido por la milagrosa aparición de la Virgen María en unos prados cercanos al pueblo de Selaya. Ella le indicó el lugar donde habría de edificarse la ermita y como prueba de ello hizo que brotara agua de una roca. El pastor dio cuenta del suceso y cumpliendo los deseos de la Madre de Dios los pasiegos la dedicaron en aquel lugar un templo junto a la fuente que jamás dejó de manar agua cristalina.

A pocos metros del santuario podemos contemplar la referida fuente, en plena naturaleza, en un lugar idílico rodeada de árboles y vegetación. Allí acuden los devotos para depositar velas y flores y por supuesto para beber del agua bendita que un día comenzó a manar por obra de la Santísima Virgen.

Desde el momento de la aparición la Virgen de Valvanuz ha gozado de gran devoción en Cantabria, especialmente en los pueblos que componen la preciosa comarca de los Valles Pasiegos de la que es patrona. A lo largo del año se dedican a la Virgen diferentes festividades y romerías, entre las que cabe destacar la romería del 15 de agosto, fiesta de la Asunción.

Hasta Valvanuz acuden ese día miles de personas llegadas de todos los puntos del valle y de otros lugares de Cantabria para venerar a la Virgen y para pasar una agradable jornada de romería. A lo largo de la mañana se suceden misas tras las que los devotos tienen la posibilidad de subir al camarín y besar el manto que lleva la sagrada imagen. En el atrio de la iglesia arden cientos de velas que se ofrecen a la Virgen para solicitarla salud, trabajo y otras peticiones.

En las inmediaciones del santuario se levantan puestos en los que se ofrecen productos y objetos de toda índole: churros, helados, dulces típicos de Cantabria, juguetes… Todo para el disfrute de los romeros que pasan alegremente esta jornada festiva en compañía de familiares y amigos.

Por la mañana tiene lugar la misa solemne en el interior del templo y ya por la tarde la esperada procesión en la que la Virgen recorre en su carro triunfal el entorno de la ermita. Sin duda alguna es el momento más vistoso y emotivo de toda la jornada, pues la Virgen va acompañada por varias decenas de personas ataviadas con trajes típicos y por los cantos y las músicas tradicionales de Cantabria. Supone todo un espectáculo de luz y color; las coloridas sayas, las cintas de las castañuelas y las panderetas, los pañuelos y mantones, resaltan sobre el precioso verdor del valle dando lugar a una estampa inigualable. Cuando el reloj marca las cinco la imagen de la Virgen sale puntual del santuario para comenzar la procesión. A la salida la espera el grupo de danzas que la dedica en todo momento sus preciosos cantos y bailes tradicionales acompañados por el sonido de las panderetas, castañuelas, gaitas, requintos y tambores. La vistosa danza de los picayos en la que las mujeres tocan la pandereta y los hombres bailan, recibe a la Virgen y la acompaña durante todo el recorrido. Destaca la vistosidad de las panderetas y castañuelas profusamente engalanadas con multitud de cintas de colores y escarapelas. A lo largo del trayecto la Virgen hace varias paradas y el grupo de danzas la dedica diferentes bailes tradicionales.

También la acompañan decenas de personas ataviadas con trajes típicos de otros puntos de la región, especialmente los pasiegos, entre los que destaca un elemento muy singular: el cuévano, una especie de cuna que antaño usaban las mujeres pasiegas para trasportar a sus pequeños mientras realizaban las faenas del campo. Otro traje que destaca por su vistosidad y elegancia es el de las amas de cría pasiegas, una de las tradiciones más singulares del valle. Las amas de cría jugaron un papel muy importante entre la nobleza y realeza españolas siglos atrás. Fueron mujeres que con gran valentía salieron de los valles pasiegos y partieron hacia grandes ciudades españolas donde residían la realeza y la alta aristocracia, para amamantar a los hijos de éstos.

El carro triunfal sobre el que va la imagen de la Virgen de Valvanuz va escoltado por los pasiegos que lucen también su traje de gala y que portan el tradicional “palancu”. Se trata de un largo palo realizado con madera de avellano que los hombres pasiegos empleaban para saltar y sortear terrenos abruptos, e incluso para defenderse de algún animal peligroso.

Cuando finaliza la procesión tiene lugar el concurso-exhibición de salto pasiego, un deporte tradicional de la zona en el que los hombres del valle demuestran su destreza y habilidad a la hora de saltar con el palancu. Acaba la jornada festiva con un baile en la campa para disfrute de todos los asistentes a esta romería que, sin duda, es una de las más bonitas y singulares de toda Cantabria y que desde aquí invitamos a conocer.

Preciosos y coloridos pañuelos de las mujeres
Las panderetas, grandes protagonistas en la romería
La Virgen va escoltada por los pasiegos
El sonido de las panderetas recibe a la Virgen
Las danzas de los picayos
El colorido de la romería
Traje tradicional de ama de cría


*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor.


miércoles, 23 de agosto de 2017

LA BOTARGA DE LAS CANDELAS DE RETIENDAS (GUADALAJARA)



Retiendas, pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara que no alcanza la centena de habitantes, cuenta con una tradición que cada año celebra en torno a la fiesta de Las Candelas el fin de semana más próximo al dos de febrero. Se trata de la Botarga de las Candelas, una de las fiestas más representativas de la provincia de Guadalajara, que destaca sobre el resto por el hecho de no haber dejado de celebrarse nunca, a pesar de las inclemencias del tiempo y de los avatares de la historia. Una Botarga similar a las que hemos visto anteriormente y a otras que aparecen en diferentes puntos de la referida provincia, pero que se convierte en especial y única por una serie de ritos que lleva aparejados. En mi visita a Retiendas pregunté al Botarga acerca de la manera de acceder a este cargo. Él mismo me explicó que cada año se presenta una familia del pueblo para desempeñar la función de Mayordomos, y que son éstos los que normalmente escogen a un miembro de la familia o amigo para que sea Botarga. Me aportaba también como dato curioso que al ser tan pequeño el pueblo, hay familias que les toca repetir al frente de la mayordomía más de un año, y por tanto también a la Botarga.

El traje que viste este personaje es similar al que encontramos en otras Botargas. Se compone de pantalón y chaqueta de tela de paño de color verde, rojo y amarillo que se alternan entre sí mediante diferentes cuadros y tiras cosidos. La chaqueta lleva bolsillos y botonadura de los mismos colores, y una capucha rematada con tres cuernos.  Lleva cosidas a las mangas de la chaqueta y al pantalón a la altura de las rodillas una especie de pequeñas escarapelas que alternan los colores anteriormente mencionados. Lleva un cinturón de cuero del que cuelgan varios cencerros de diferentes tamaños. Completan el atuendo la careta, cada año diferente, con que cubre su cara cuando baila ante la Virgen, la porra o cachiporra y las grandes castañuelas.

La fiesta de las Candelas comienza el sábado cuando por la tarde se enciende la gran hoguera en la plaza y hace su aparición la Botarga por primera vez. Desde ese momento se dedica a recorrer todo el pueblo y entrada la noche tiene lugar la procesión con la Virgen de las Candelas acompañada por la luz de las velas. Ya el domingo a primera hora sale la Botarga a recorrer las calles del pueblo para hacer cuestación y despertar a los vecinos en el día grande de las fiestas. Tiene licencia para entrar dentro de las casas y despertar y gastar bromas a quienes aún no se han levantado. Le reciben con gran ilusión y le obsequian con dulces de todo tipo –rosquillas, las típicas “caracolas”, roscas…- que también ofrecen al resto de vecinos y curiosos que la acompañan. Amenizan el recorrido los sones de las dulzainas y el tambor que interpretan jotas y otras piezas que alegran la mañana festiva.

A media mañana tiene lugar la procesión con la imagen de la Virgen de las Candelas, uno de los momentos más bonitos de la fiesta. La presencia de la Botarga se relaciona con el personaje que, según la tradición, acompañó a la Virgen al Templo a los cuarenta días de dar a luz a Jesús, evitando que las miradas curiosas se dirigieran a Ella. Primeramente tiene lugar la subasta de los brazos de las andas en la que los vecinos y devotos pagan cantidades de dinero por tener el privilegio de portar a la Virgen durante el trayecto. Una vez que ha terminado la puja, la Botarga, ya cubierta con la máscara, comienza a bailar delante de la imagen y se inicia la procesión que baja hasta el puente. La Botarga no para de bailar y de lanzar “vivas” a la Virgen; golpea las castañuelas con la cachiporra al tiempo que grita: ¡Viva la Virgen Santísima! ¡Viva la Virgen de las Candelas! Una persona camina junto a él para evitar que se choque con alguien o tropiece, pues durante toda la procesión caminará de espaldas y mirando siempre de frente a la Virgen. En el puente interrumpe su baile y se entona la Salve para posteriormente volver a desandar el camino en el que la Botarga cumple de nuevo el mismo ritual. A la llegada a la iglesia una vez más se subastan los brazos de las andas para introducir la sagrada imagen al interior. Queda colocada en un pequeño altar a los pies del templo, justo debajo del coro, esperando el momento del ofertorio, donde tiene lugar otro de los rituales más bonitos de la fiesta. La Virgen avanza por el pasillo del central hacia el altar y en el trayecto hace tres reverencias (las personas que portan las andas se arrodillan). La Botarga acompañada por los toques del tamborilero no para de bailar y dedicar vítores a la Virgen como hiciera en la procesión minutos antes. Cuando la imagen llega al altar mayor, el párroco la retira el Niño Jesús que lleva en brazos para después de la misa ofrecerlo a la veneración de los fieles. 

A la salida espera la Botarga para impregnar a todos los presentes con pelusas de junco que previamente se han recogido en los arroyos cercanos. Los niños se unen a sus bromas y chanzas y no paran de incordiarla, llegando incluso a ayudarla a esparcir la pelusa cuando los vecinos salen de misa. Finaliza la fiesta con la subasta de los productos típicos ofrecidos a la Virgen entre los que destacan las típicas “caracolas”-un exquisito dulce bañado con miel-, y las rosquillas bañadas con clara de huevo que se acompañan de una naranja. La tradición manda que la Botarga ha de robar el “pajarito”, una pequeña figura de mazapán –en algunas ocasiones sustituido por una rosquilla- con la que huye a los terreros por los que apareció la tarde del sábado. Una vez allí coloca el dulce robado sobre la cachiporra que previamente ha clavado en el suelo, intentando los niños y niñas tirarla a pedradas. Cuando esto ocurre, la Botarga se desliza por los citados terreros acabando de esta forma tan peculiar la fiesta.






*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor.

LA BOTARGA Y LAS MUJIGANGAS DE MÁLAGA DEL FRESNO (GUADALAJARA)


En la mañana del último domingo del mes de enero, Málaga del Fresno, un pequeño pueblo de la Campiña del Henares, en la provincia de Guadalajara, celebra cada año la Botarga y las Mujigangas de la Virgen de la Paz. 


Una tradición cuyos orígenes, al igual que los del resto de botargas de la provincia, se pierden en la noche de los tiempos y por lo general se cree que podrían ser reminiscencia de ritos prerromanos y romanos. Otra de las interpretaciones que se da a la presencia de estas máscaras en las fiestas de Guadalajara, es la que habla de personajes que aparecen en época medieval para amenizar diferentes festejos distrayendo y gastando bromas a la gente; vendrían a hacer las veces de los bufones. En el caso de Málaga del Fresno, la Botarga va acompañada por otros dos personajes que reciben el apelativo de "Mujigangas". Es este hecho el que hace especial a esta máscara que, a diferencia de otras de la provincia, no actúa sola.

En mi visita a esta fiesta, tuve el placer y la suerte de conversar durante un rato con Luís Pedromingo, quien desde hace 14 años desempeña el papel de Botarga. Me contó que esta tradición fue recuperada tras perderse en la guerra y dejarse de celebrar durante varias décadas. Antaño se festejaban en Málaga del Fresno dos Botargas: la de casados y la infantil. Al igual que ocurrió en muchos otros lugares, con la llegada de la guerra estas tradiciones cayeron en el olvido e incluso se llegaron a prohibir, y durmieron el sueño de los justos hasta que el sentir popular de apego a las raíces y tradiciones despertó en muchos pueblos que vieron muy necesario el hecho de recuperar sus señas de identidad perdidas. En el caso de Málaga del Fresno se recuperó esta tradición hace ya algunas décadas gracias a la memoria de los más longevos del lugar que aún recordaban las vestimentas y los ritos que componían la fiesta. Me contaba Luis una anécdota curiosa referente al traje de la Botarga; durante la guerra una persona del pueblo lo guardó a salvo por miedo a que por sus colores pudiera traer consecuencias negativas. A la vuelta de muchos años el atuendo apareció en un desván y debido al paso del tiempo había perdido sus colores originales. Fue una de las piezas importantes que junto al gran trabajo de investigación realizado, permitieron recuperar tan antigua tradición.

El traje de la Botarga está realizado con tela de paño en color rojo, amarillo y verde, que se alterna en cuadros cosidos entre sí. Se compone de chaqueta, pantalón y capucha, que van decorados con diferentes flores recortadas en tela de colores y cosidas, así como de pequeños cascabeles. Lleva cruzadas por el pecho y la espalda dos correas de cuero de las que cuelgan campanillas. Me contaba Luís que antaño se empleaban con este mismo fin los collares de campanillas que se ponían a las mulas. Lo más característico es la careta, de color negro con motivos blancos, rojos y amarillos, provista de dientes y de aspecto demoníaco. Porta en sus manos una porra decorada con pequeñas campanitas y cascabeles, y un saco de arpillera en el que lleva los caramelos que reparte a pequeños y mayores. Por su parte las Mujigangas visten con ropas estrafalarias que confieren a estos personajes un aspecto harapiento y terrorífico. Llevan cosidas en sus chaquetas y pantalones tiras de telas de diferentes colores, y en sus cabezas portan enormes y diabólicas máscaras provistas de cuernos, pelo y grandes orejas. Llevan colgados a su cintura grandes cencerros que hacen sonar advirtiendo de su presencia. En sus manos, al igual que la Botarga, llevan la porra y el saco para repartir los caramelos.

A media mañana hacen su aparición recorriendo las calles del pueblo y repartiendo caramelos a niños y mayores, cumpliendo así con una bonita tradición que vive momentos de gran auge. Tienen además licencia para entrar en las casas y despertar a los menos madrugadores. Antiguamente la Botarga se ponía en la puerta de la iglesia antes de misa y hacía cuestación; con lo recaudado se organizaba posteriormente una comida. Antes de la misa los tres personajes enmascarados persiguen y asustan a los más pequeños con los que finalmente se reconcilian entregándoles un puñado de caramelos. A la iglesia tienen prohibida la entrada por lo que mientras que se celebra la misa en honor a la Virgen de la Paz aprovechan para perseguir a todo el que se encuentran por la calle y también para tomarse un respiro. Cuando la feligresía sale de la función religiosa, la Botarga y las Mujigangas retoman sus carreras y se pone broche a la fiesta con una comida popular a base de migas con huevos fritos a la que se invita a vecinos y visitantes de este acogedor pueblo campiñero.






*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor.

sábado, 5 de agosto de 2017

"EL OFRECIMIENTO" A SANTO DOMINGO DE GUZMÁN EN PULGAR (TOLEDO).


Pulgar, un bello pueblecito de los Montes de Toledo, celebra cada 4 de agosto la fiesta de su patrón, Santo Domingo de Guzmán. Una antigua celebración que ya en las Relaciones Topográficas de Felipe II (Viñas Mey, Carmelo; Paz, Ramón, Relaciones histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II: Reino de Toledo. Madrid. 1951), en el siglo XVI, aparece citada, indicando el motivo por el cuál se eligió a Santo Domingo junto con otros Santos como protector del lugar: "52. Que se guardan los días de San Pantaleón y Santo Domingo y San Sebastián por voto por la pestilencia y langosta y cuquillo".

Una fiesta cargada de tradición y de leyenda, pues cuentan los mayores del lugar según se lo oyeron contar a sus padres y abuelos, que la devoción a Santo Domingo procedía de un pueblo cercano -Hontalba- que sufrió la lacra de la despoblación llegando a desaparecer. También se recoge este hecho en las citadas Relaciones: "56. Que a media legua de este lugar hacia el mediodía torcido a la mano derecha está un lugar despoblado que dicen que se llamaba Huente Albilla, el cual se despobló por enfermedad que era de una señora de Toledo y lo vendió a este lugar y a Cuerva".

Cuando esto ocurrió, Pulgar y otro pueblo cercano (Casasbuenas en una versión y Cuerva en otra) se disputaron la imagen. Los de Pulgar fueron raudos y se hicieron con el Santo al tiempo que en el otro pueblo repicaban las campanas pensando que la imagen ya era suya. De ahí el dicho popular que ha llegado hasta nuestros días: "Tocar, tocar, que Santo Domingo ya está en Pulgar".

Sto. Domingo a la salida de la iglesia
Cada cuatro de agosto al atardecer, los pulgareños sacan al Santo de la iglesia y lo conducen hasta la plaza del pueblo donde tiene lugar uno de los actos más característicos de la fiesta: "el Ofrecimiento". Un ritual muy extendido en toda la comarca de los Montes de Toledo, y que en Pulgar se realiza en las fiestas de agosto y en las de octubre en honor a la Virgen del Pilar. Delante del Santo y sus insignias se colocan la reina y las damas de las fiestas, las autoridades civiles y religiosas, y en una mesa los miembros de la Junta de la Hermandad y el señor cura que porta un relicario de plata con una reliquia "ex ossibus" del Santo burgalés que ofrece a los devotos para que la besen. Sobre una mesa engalanada al efecto se coloca una urna de madera donde los devotos irán depositando "el ofrecimiento", en forma de monedas o billetes. La banda de música forma un pasillo hasta el lugar donde se sitúa la mesa, y ameniza el acto con un variado repertorio de pasodobles.

Acabado el "ofrecimiento" la procesión recorre las calles de Pulgar y se devuelve el Santo a la iglesia donde esperará la llegada de unas nuevas fiestas.

*Todos los textos, así como las imágenes, son propiedad del autor.

El Santo preparado para el Ofrecimiento

Santo Domingo de Guzmán, Pulgar.

Reliquia de Santo Domingo

sábado, 21 de enero de 2017

EL TAFARRÓN Y LA MADAMA DE POZUELO DE TÁBARA



La provincia de Zamora conserva importantes manifestaciones festivas que conforman un rico y variado calendario de tradiciones que se suceden a lo largo del año. Hay una época, comprendida entre los días 26 de diciembre y 6 de enero, en la que tienen lugar una serie de ritos que reciben el nombre de MASCARADAS DE INVIERNO. Estas celebraciones se reparten por diferentes lugares de la provincia zamorana y todas cuentan con un denominador común: se trata de ritos en torno al solsticio de invierno que, aunque incorporaron el elemento religioso con la llegada del cristianismo, tienen claramente su origen en ritos de carácter pagano. Es el caso de la mascarada que nos ocupa: el Tafarrón y la Madama de Pozuelo de Tábara. 

Este pequeño pueblo de Zamora celebra cada año el 26 de diciembre, fiesta de San Esteban, una tradición muy antigua que se compone de una serie de ritos que la hacen única. Muy probablemente, como señalaba anteriormente, un rito de carácter pagano asociado con la fertilidad y la expulsión de los malos augurios de la comunidad, pudiendo encontrar sus orígenes en ritos prerromanos primero, y más tarde en época romana en las Lupercales y Saturnales. Pero la fiesta del Tafarrón no solamente se limita a ese día, sino que cuenta con una serie de preliminares que se suceden desde el 7 de diciembre, momento en que los mayordomos -que portan un cayado que recibe el nombre de “cacha”- anuncian la celebración haciendo sonar cencerros, siendo el mayordomo mayor quien hace entrega del traje y todas sus preseas al Tafarrón. El curioso traje de este personaje se compone de una especie de falda y peto con capa elaborados con juncos machacados. Completan la indumentaria la careta negra y roja de metal con cuernos de cabra, orejas de liebre, barba y bigote, que va unida a una toalla que cae por la espalda; un palo del que pende una pelota con la que golpea a la gente, y un cazo con el que recoge la cuestación. El traje de la Madama se compone de una bata de flores con una “M” (de Madama) cosida a la espalda junto a una pequeña muñeca, y un sombrero con velo.  A partir de este día hasta el de Nochebuena, los mayordomos en determinados días saldrán a las calles de Pozuelo con los cencerros y visitarán a los mozos que participarán en la Función del Tafarrón. El día 22 de diciembre piden permiso al alcalde para cortar una encina de la que obtendrán la leña para calentar la Casa de la Función y hacer las comidas los días que dura la fiesta.

El día 25 de diciembre, víspera de la Función del Tafarrón, se suceden una serie de ritos con los que se da inicio a los días grandes de Pozuelo de Tábara. Primeramente los Alcaldes buscan casa por casa a los cuatro mozos que por su edad ya podrían ser Mayordomos Entrantes, siempre con la licencia de los padres. Por la tarde los Mayordomos Mayores se encargan de bajar a San Esteban del altar para colocarlo en las andas sobre las que procesionará al día siguiente. Al atardecer tiene lugar otro de los actos más destacados de la fiesta: “las Vigilias”, que se realiza en la iglesia y en el que se interpretan cantos en latín. A la salida de la iglesia tiene lugar la primera aparición del Tafarrón y la Madama, en esta ocasión vestidos a la inversa, esto es, el Tafarrón viste de Madama y esta viste de Tafarrón. Se producen las primeras carreras y saltos de estos dos personajes protagonistas, y finalizan las Vigilias en casa del alcalde del pueblo que agasaja a los asistentes, y donde la Madama dedica los “vivas” a cada uno de los cargos que participan en la fiesta. Finaliza la jornada de la víspera con la cena y el posterior baile en el que aparecen vestidos de Tafarrón y Madama los Mayordomos, los Alcaldes y todos aquellos que han participado en la fiesta en años anteriores y se quieran vestir.

El día grande de la Función del Tafarrón es el 26 de diciembre, día de San Esteban. Después del baile de la noche anterior, los Mayordomos entregan los cencerros a los Entrantes que ya por la mañana se dirigen a casa del Tafarrón, la Madama y los Alcaldes respectivamente para despertarles y que salgan a “dar los días”. En este ritual no pueden ir juntos, primero van los Alcaldes y detrás los Tafarrones, y no pueden olvidar llamar a ninguna casa de Pozuelo para felicitar las Pascuas por considerarse este un momento de gran importancia. Durante la cuestación los vecinos les agasajan con comida y bebida y les hacen entrega de un donativo. Cuando han terminado de “dar los días”, tienen lugar las celebraciones religiosas de la fiesta. La dulzaina y el tambor acuden a recoger casa por casa a los integrantes de la Función del Tafarrón por este orden: primero los Alcaldes, después los Mayordomos, y por último el alcalde del pueblo, todos ellos vestidos con traje, capa castellana y sombrero, y acompañados por una moza vestida con traje típico. En el momento de la procesión, los Mayordomos Mayores llevan el “Ramo de San Esteban” compuesto de naranjas y manzanas y el “bollo maimón” o “mimón” como también me cuentan que se denomina; el resto de Mayordomos portan la Cruz procesional y los faroles. La moza porta un cestillo lleno de trozos de pan que se bendecirán y se repartirán entre los asistentes a la salida de misa. Los cuatro Entrantes portan las andas del santo, y se sitúan a la salida de la iglesia para que el Tafarrón y la Madama hagan “las venias” a San Esteban. Se forma un pasillo por el que ambos personajes se acercan corriendo y dando enérgicos saltos hasta que llegan ante la sagrada imagen a la que hacen una reverencia. Se repite la venia tres veces, siendo este el único momento de la fiesta en que el Tafarrón cubre su cara con la tradicional careta. Al tiempo que saltan emiten los característicos “hiuju, ju”. Durante toda la procesión no paran de correr y saltar dirigiéndose en todo momento a la imagen de San Esteban. A la llegada de la procesión a la iglesia, y antes de la misa, el Tafarrón en la puerta ofrece el agua bendita a los fieles en el cazo que porta. Durante la misa tiene lugar el “ofertorio”, único momento en que el Tafarrón entra en la iglesia desprovisto de su traje y se sitúa de rodillas en el altar donde sus vecinos le hacen entrega de objetos de toda índole con la intención de gastarle una broma. Finaliza el ofertorio con el ofrecimiento a San Esteban por parte de la Madama, del último niño nacido, como símbolo de continuidad de la fiesta.

Después de la misa y antes de la comida, se suceden de nuevo las carreras y persecuciones del Tafarrón y la Madama a quienes les comprometen. Ya por la tarde tiene lugar la subasta del ramo y el bollo maimón, y las “votaciones”, acto en el que los Tafarrones organizan dos filas en las que se colocan los Alcaldes, los Mayordomos, los Entrantes y el resto de mozos asistentes, tratando por todos los medios mantener el orden y que no se descompongan las filas, ocurriendo esto último cuando se da el voto al Tafarrón, momento en que se reanudan las carreras y las persecuciones.

El 27 de diciembre por la mañana se celebra la misa ofrecida por los difuntos y previamente la procesión de San Esteban portado por los Entrantes. Después de la misa se llevan a cabo las últimas carreras, y para finalizar la Función tiene lugar uno de los momentos más esperados: “las suertes”, mediante las cuales se realiza el sorteo en el que se elegirán los Alcaldes, el Tafarrón y la Madama para la Función del año siguiente. Quienes han salido Tafarrones recogen los trajes y sus preseas y pasean por el pueblo para que sus vecinos se hagan eco del nombramiento.

Estamos ante una fiesta única compuesta de muchos momentos que la hacen especial. Un rito que las gentes de Pozuelo de Tábara mantienen como su mayor tesoro y que transmiten de generación en generación para que nunca se pierda. Fue un placer y una gran suerte poder vivir en primera persona esta fiesta, y haber podido conocer a quienes con tanto esfuerzo luchan por que no caiga en el olvido y consiga el reconocimiento que merece. Agradezco de corazón la colaboración y la amabilidad de Mario Román, Ángel Haro y José Manuel, miembros de la directiva de la Asociación Tafarrón y Madama de Pozuelo de Tábara, con quienes tuve la enorme suerte de hablar y conocer datos acerca de la fiesta. Muchísimas gracias a todos ellos por toda la información que tan gustosamente me han facilitado para la realización de este artículo.













*Todos los textos, así como las fotografías y los archivos de vídeo, son propiedad del autor.